Los trastornos depresivos se refieren a una tristeza que sea lo suficientemente intensa y/o duradera como para interferir en el día a día de la persona, con frecuencia resultando en disminución del interés o placer en sus actividades y/o relaciones con los demás.
Las causas suelen ser complejas, con influencia de carácter genético y factores psicosociales.
Aunque coloquialmente nos hemos acostumbrado a usar el término ´depresión´, es fundamental diferenciarlo de reacciones normales que nos puedan ocurrir tras algún evento, como por ejemplo en casos de pérdidas, decepciones… que suelen mejorar cuando la situación se resuelve o se ha aliviado, además alternan con estados más positivos y no evidencian daño a la autoimagen.
¿Cuáles son los síntomas?
Incluyen poca concentración, cansancio, pérdida del deseo sexual, pérdida de placer o interés en actividades, alteraciones del sueño, entre otras.
También pueden aparecer ideas sobre el suicidio y subsecuentes intentos. De ahí la gran importancia de tener esto en cuenta y poder hablar de ello.
Conlleva el peligro de deteriorar la salud general y acudir al uso de sustancias para diluir los síntomas, agravando aún más el cuadro.
¿Qué hacer?
Es fundamental acudir a un profesional, poder contactar con el médico sobre los síntomas para una valoración que pueda conllevar tratamiento farmacológico, a la vez que iniciar una psicoterapia adecuada al caso, con el fin de conseguir los mejores resultados posibles y que la persona pueda restablecer su bienestar emocional.
El tratamiento incluye subidas y bajadas, cosa que deben saber; al igual que el esfuerzo por ir recuperando actividades cotidianas y encuentros sociales.
Es importante considerar que no se trata de una tristeza común ni ´debilidad de carácter´, con necesidad de explorar los motivos que la subyace y mantienen, para lo cual se trabaja en un tratamiento psicoterapéutico adecuado.